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Zacatecas y Durango. De la alegría al llanto y del llanto a la alegría.

6 de junio. La alegría del amor

Miércoles 8 de junio de 2011 por adesalambrar, Machaca

Después de cruzar por impresionantes e imponentes paisajes potosinos, la caravana dejó a los ridículos robocops de San Luis para arribar a la hermosa ciudad de Zacatecas. En donde, junto a un montón de trenes, los caravaneros descendieron de los autobuses para comenzar a caminar una marcha que recorrió las calles de la zona centro de la ciudad. Conforme el contingente avanzaba, más y más personas se sumaban a la movilización, mientras otros demostraban su apoyo desde sus coches o desde los hermosos balcones zacatecanos.

Al llegar a la plaza de armas, en medio de un sol que te derretía hasta las ideas, comenzó un mitin en el cual se denunciaron varias de las atrocidades y vejaciones que se viven cotidianamente en Zacatecas así como en otros estados como en el caso de Morelos. Después, como ya es habitual, hablaron los emblemáticos oradores que con la caravana atraviesan el país: Javier Sicilia, con su usual mensaje gandhiano de amor y consuelo; Julián Le Barón, el más contundente de todos los oradores y el más sencillo de los poetas, ambos junto a Olga Reyes, símbolo de una lucha contra la impunidad que ha costado seis miembros a una de las familias más valientes de México.

Al abandonar Zacatecas, caímos en la cuenta de que llegaríamos a Durango mucho más tarde de lo planeado, ya que desde San Luis acumulábamos retraso trás retraso y la cosa sólo empeoraba ya que constantemente eramos víctimas de retenes que detenían nuestro paso. Por suerte, éstos no eran de los retenes infames que tantas vidas han extinguido por culpa de la estupidez militar. No, los retenes que alentaban nuestra marcha, eran de otra especie, eran retenes ciudadanos. Grupos de personas que, desde varias horas antes, esperaban a un lado de la carretera el paso de la caravana con la esperanza de poder ver a Sicilia y contarle de sus experiencias y dolores. Algunos inclusive sólo pretendían estrechar su mano.

En uno de esos retenes, en un momento simbólico que se repetiría en el mitin, Sicilia se encontró con un pequeño de seis años. Este pequeño retoño de adulto sostenía con seguridad y convicción la foto de un hombre a quién simplemente quería volver a ver. Esa foto que cargaba vehementemente, era la de su padre, quién había sido levantado y del cuál nadie sabía nada. Sicilia, hecho un mar de lágrimas, abrazó a ese niño que lloraba a su padre, abrazándolo larga y profundamente como seguramente abrazaría a su hijo, Juan, si es que acaso pudiera volver a verlo.

Este momento tan impactante, fue de la clase de momentos que para muchos de nosotros hacen cada vez más clara y comprensible la idea del consuelo que da nombre a esta caravana. Y a su vez, nos hace evidente la necesidad que este país, severamente violentado y desgarrado, tiene de éste.

Entre los retenes ciudadanos y el retraso que ya de por si llevábamos, llegamos a Durango pasadas las 9 de la noche, lo cual implicó que cientos de personas que esperaban en la plaza por nuestra llegada, tuvieran que irse, ya que, entre otras cosas, en esta agringada ciudad norteña, el transporte deja de pasar a las nueve de la noche.

Desgraciadamente este tipo de retrasos, por una u otra razón, han sido una constante del viaje, lo cuál no sólo ha ocasionado que muchas personas abandonen las plazas, sino que ha hecho que los mítines y movilizaciones terminen a altas horas de la noche.

A pesar de la tardanza, cientos de personas esperaban el arribo de los caravaneros para poder marchar junto con nosotr@s rumbo a la plaza central, en donde se llevaría acabo uno de los mítines más conmovedores de este recorrido. Una multitud sui generis, que reunía desde a jóvenes anarkopunkis hasta al mismísimo Pancho Villa, pasando por maestr@s, am@s de casa y miembr@s del local Consejo Coordinador de Organizaciones Populares, caminaron combativos y festivos, contagiados del jocoso y alegre tono que la caravana imprime a su paso.

Así, cientos de duranguenses caminaron por las calles de su ciudad. Caminando con paso firme, junto con un hombre árbol, Emiliano Zapata, el hijo de la pachamama y dos Migueles Hidalgo. Ellos, aunque pueda parecer increíble, son personajes habituales que acompañan esta caravana, y que junto con payasos y músicos, alegran los corazones de quienes, en cada ciudad, esperan con esperanza e ilusión el mensaje de amor y consuelo que transportan Sicilia, Le Barón y compañía.

Próximamente... Conversaciones en la fila de las regaderas...

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