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“Es una experiencia que ahora nosotras tenemos”

La lucha de las mujeres triquis a un año del asesinato de Bety Cariño y Jryi Jaakola

Miércoles 27 de abril de 2011 por robot

“Es una experiencia que ahora nosotras tenemos” La lucha de las mujeres triquis a un año del asesinato de Bety Cariño y Jryi Jaakola

“Si el gobierno quiere que toda esta gente que está ahí dentro se muera entonces nosotras también nos vamos a morir pero acá en la puerta del gobierno”

Mujeres del Municipio Autónomo de San Juan Copala en el plantón de la Ciudad de Oaxaca

Abril 2011

Los días no dejan de pasar y no lo harán. Esta certeza resulta, además de inamovible, una pesada verdad, una realidad que pesa a quienes mantienen este plantón; a través de esta situación las mujeres triquis han transitado de un estado de silencio y sumisión a una actitud de denuncia y análisis del conflicto y de su condición de mujeres dentro de la lucha, reflexionan acerca de las circunstancias que las han llevado a resistir en un plantón en el zócalo de la Ciudad de Oaxaca. Los ocho meses transcurridos hasta ahora no han sido sino un constante resistir, una especie de confirmación de que la vida resulta invisible siendo mujer, indígena, pobre y consciente de la necesidad de transformar las condiciones de vida, invisible para el Estado mexicano, invisible para muchas personas, desafortunadamente para muchas personas en este país, pero no invisible para los paramilitares que están acabando con las y los triquis organizados para construir formalmente estructuras autónomas de organización social.

Estar exigiendo aquí…íbamos con la procuradora que estuvo, íbamos a hablar con el subsecretario general de gobierno, les pedíamos, les rogábamos casi a los policías para que fueran a San Juan Copala porque nuestros compañeros ya no tenían de comer, se les estaba acabando la comida que tenían. Pero aquí la gente nunca nos hizo caso, el gobierno que estuvo nunca nos hizo caso, al contrario, nos empezaron a contradecir, nos empezaron a decir chismosas, nos empezaron a decir que todo lo que decíamos era mentira, que en Copala había paz y no había balazos, cuando que nosotras habíamos salido de Copala bajo la balacera, entonces así sucedió esto y por eso pusimos el plantón.

Si de cualquier forma, calladas o con la voluntad de denuncia y participación, las mujeres corren el riesgo de ser asesinadas, ellas han hecho que su voz se escuche y se respete, al interior y al exterior de este plantón, de la organización y de su comunidad. Son ellas las que permitieron la existencia del Municipio Autónomo de San Juan Copala. Sin importar la lluvia, el calor, la vida a la intemperie, las persecuciones, las amenazas, las muertes, el plantón continuará hasta que se haga justicia, hasta que el país termine por estallar en una guerra civil o hasta que los triquis que defienden la autonomía como forma política para organizarse, sean exterminados; o tal vez sea posible conseguir la primera opción e impedir las demás, incluso es posible pensar que como “ciudadanos maduros para ejercer la democracia” en este país no permitiremos ni este ni ningún otro exterminio, no permitiremos que la pasividad e indiferencia nos envuelvan y entonces perdamos toda sensibilidad para reaccionar frente a las injusticias. Sólo baste aclarar que no se trata de una cuestión de compasión o de lástima, es una cuestión de conciencia social, de posicionarse claramente frente a los poderes represores del Estado y detenerlos.

Estamos como veinte familias aquí, entre nosotros hay hombres, hay niños, hay mujeres… Las condiciones al principio si nos fueron difíciles porque salimos a como pudimos, sin nada, pues nos trajimos una o dos mudas de ropa, un huipil (porque es nuestra ropa típica), y eso fue todo lo que trajimos, pues nunca pensamos que con esa salida nos íbamos a quedar para siempre acá, entonces para la alimentación, cuando llegamos estuvimos yendo en las radios, en las comunidades, al pueblo de Oaxaca, entonces hubo mucha gente de los pueblos de Oaxaca que nos apoyaron con despensa, nos apoyaban con un kilo de arroz o de frijol y con eso fue que empezamos a mantener a la gente y así estuvimos. Al principio fue muy difícil acostumbrarnos a la calle pues en una casa vive uno cómodo y aquí nos fue muy difícil acostumbrarnos pero ahorita ya la gente está adaptando un poco. Estuvimos un mes sin vender pues no venimos con esa intención de quedarnos para siempre aquí, venimos con la intención de exigir justicia y a lo mejor el gobierno nos resolvía y la esperanza de regresar luego. Después cuando se puso más grave el problema y sacaron a los otros compañeros que quedaban, en septiembre perdimos la esperanza, entonces ya no nos quedó de otra, supimos entonces que entraron a saquear todo lo que tuvimos en nuestras casas y unas casas ya hasta las quemaron…

La experiencia traumática que implica ser despojado de su vivienda es ya suficiente para que la “normalidad” se rompa, pero cuando la normalidad está cimentada en el despojo violento y mordaz la respuesta de las mujeres triquis del Municipio Autónomo de San Juan Copala resulta una enseñanza: guardar la vida para seguir luchando, para exigir justicia. Sin importar las terribles condiciones de exilio, estas mujeres constituyeron desde el primer día el pilar fundamental de la lucha por la autonomía. Conforme sucedían los acontecimientos, las mujeres del plantón comenzaron a plantear tácticas y estrategias de lucha.

A los diez días que pusimos el plantón hicieron una emboscada porque teníamos planeada una marcha caravana de la Ciudad de Oaxaca hacia la Ciudad de México entonces los compañeros de la región andaban programando, organizando con los pueblos de la región esa marcha. Entonces ahí hicieron una emboscada a los compañeros y mataron a tres de los que andaban organizando. Y ya de ahí empezaron a atacar a las mujeres cuando vieron que empezamos a difundir y a estar dando lata aquí, empezaron a atacar a las mujeres y empezaron a violar a una de las compañeras, empezaron a bloquear las veredas donde ellas salían para comprar sus víveres y así empezaron a herir unas mujeres. Eso fue a principios de septiembre, como el 15 de septiembre nos enteramos que estaban cercando a las familias que quedaban, ya quedaban como quince familias solamente cuando nos avisan que ya estaban cercadas las casas de paramilitares y hablamos por teléfono con el subsecretario de gobierno y nos dice ‘no podemos hacer nada, ya mandamos a los policías y no los dejan entrar, qué quieres que hagamos’, entonces le dije ‘si no actúa usted para sacar a nuestros compañeros entonces vamos a empezar mañana temprano una huelga de hambre, tanto mujeres como niños’ y entonces el señor nos dice ‘no, no hagan eso porque se va a ver muy mal, que aquí no hay gobierno; vamos a hacer todo lo posible’. Y no fue cierto porque llegó el otro día y no pasó nada, entonces decidimos poner una huelga de hambre, como nueve niños y diez mujeres.

Estuvimos tres días. Y ni aún así, porque sí vinieron los periodistas, gente de organizaciones a decirnos que porqué habíamos arriesgado tanto a los niños y a nosotras también, que no teníamos que hacer eso. Y les dijimos que sí porque hacían tanto alboroto con estos niños que teníamos aquí si estos niños están comiendo bien, apenas llevan unas dos o tres horas sin comer y ustedes vienen y nos dicen eso, ¿por qué no nos apoyan para exigir y que vaya la policía o no sé quién a sacar a los niños que están ahí adentro, porque ahí adentro hay niños que llevan días sin comer y sin agua y sin nada…

Esta nota tiene mucho de su motivación en la necesidad de mirar detenidamente los problemas cotidianos que implica no tener otro recurso que montar un campamento indefinido a las afueras de las oficinas estatales de gobierno, plantón como se le conoce popularmente. Como es de suponer, aunque precisamente por ello también resulta fácil de olvidar, la vida en un plantón es dura, complicada por la infinidad de cosas que se tienen que resolver con realmente pocos medios, la exigencia de justicia vivida desde la calle no es sólo la irrupción en el espacio público, no es sólo tomar la calle o las plazas, sobre todo es la irrupción violenta de la vida cotidiana de los que toman esta decisión. Toda una nueva dinámica se desata a partir de que se establecen las primeras carpas y plásticos, desde que se buscan las cobijas para no pasar fríos y se reciben las primeras ayudas en especie o económicas de parte de las organizaciones solidarias, la vida cambia en las guardias nocturnas, en el constante temor de que el plantón sea agredido inesperadamente por la policía estatal o por grupos paramilitares. Oaxaca es ya, tal y como el puntero de 2006 lo indica, una larga historia de agresiones, este caso no se queda fuera del memorial.

Si nos ponemos a pensar, ya las mujeres que están aquí en el plantón no son las mismas que hace un año, dos años, porque pues ellas ya participan, en una reunión ellas ya participan, ya se les quitó el miedo de participar y de decir su voz. Es una experiencia que ahora nosotras tenemos. Nosotras estamos haciendo esto porque estamos viendo cómo estamos sufriendo, nadie nos está obligando a hacer esto. La gente está esperanzada en regresar a su casa.

Cuando se formó el Municipio pues ya nos daban la oportunidad de participar y si queríamos hacerlo era libre siempre pero cuando uno no está acostumbrado a eso pues es un poco difícil hacerlo; muchas de las mujeres no participaban, tenían miedo todavía de participar como mujer que es o nomás porque es mujer, ahí que decidan los hombres como era ya la costumbre.

Con el problema que tuvimos, con todo el tiempo que estuvimos encerradas, y nos vimos obligadas a enfrentar esto desde adentro de la población, pues cualquier cosa nosotras teníamos que salir, cualquier problemas éramos nosotras las que podíamos salir, las que podíamos comprar, ahí fue donde poco a poco empezamos a agarrar este papel de que sí podíamos hacer algo. Ya cuando salimos de la población y venimos aquí a plantarnos los compañeros nos dieron toda la confianza, lo que decidíamos las compañeras estaba bien, fue así que empezamos a estar al frente de esto.
A un año del asesinato de Bety Cariño y Jryi Jaakola convocamos junto con las compañeras que sostienen este plantón y buena parte de esta lucha a manifestarse este 27 de abril, participando en las acciones acordadas para la Ciudad de México (Mítin a las afueras de la Embajada de Finlandia, Monte Pelvoux 111, 4to piso Col. Lomas de Chapultepec a las 9:00 hrs y posteriormente a las 14:00 hrs una actividad político-cultural en las viejas instalaciones del Senado de la República en Tacuba y Xicoténcatl, Centro Histórico), para la ciudad de Oaxaca (Marcha saliendo del Mercado de las Flores hasta llegar al Zócalo de esta ciudad) o bien sumarse a las acciones convocadas a nivel internacional, para ello es preciso consultar: http://tiempodelospueblos.saltoscuanticos.org
De esta misma forma informamos que el 23 de mayo de 2011 partirá una caravana de compañeras triquis desde la Ciudad de Oaxaca hasta la Ciudad de México; para mayores informes es necesario acercarse a cualquiera de los plantones existentes ubicados en las plazas centrales de estas dos ciudades.

Una de las tareas que no puede detenerse, consideramos, es la recolección del acopio para mantener estos dos plantones, así que desde este trabajo periodístico llamamos a las organizaciones democráticas y de izquierda, al pueblo mexicano a contribuir con aportaciones solidarias y, nuevamente, a participar en las actividades convocadas, a mantenerse informados y a estar en contacto con las y los integrantes del Municipio Autónomo de San Juan Copala.

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