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Carta abierta a los políticos y a los criminales

Estamos hasta la madre..

Lunes 4 de abril de 2011 por robot

Estamos hasta la madre...

(Carta abierta a los políticos y a los criminales)

El brutal asesinato de mi hijo Juan
Francisco, de Julio César Romero Jaime,
de Luis Antonio Romero Jaime y de Gabriel
Anejo Escalera, se suma a los de
tantos otros muchachos y muchachas que
han sido igualmente asesinados a lo largo
y ancho del país a causa no sólo de la
guerra desatada por el gobierno de Calderón
contra el crimen organizado, sino del
pudrimiento del corazón que se ha apoderado
de la mal llamada clase política y de
la clase criminal, que ha roto sus códigos
de honor.

No quiero, en esta carta, hablarles de
las virtudes de mi hijo, que eran inmensas,
ni de las de los otros muchachos que
vi florecer a su lado, estudiando, jugando,
amando, creciendo, para servir, como
tantos otros muchachos, a este país
que ustedes han desgarrado. Hablar de
ello no serviría más que para conmover
lo que ya de por sí conmueve el corazón
de la ciudadanía hasta la indignación. No
quiero tampoco hablar del dolor de mi familia
y de la familia de cada uno de los
muchachos destruidos. Para ese dolor no
hay palabras –sólo la poesía puede acercarse
un poco a él, y ustedes no saben de
poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde
esas vidas mutiladas, desde ese dolor
que carece de nombre porque es fruto de
lo que no pertenece a la naturaleza –la
muerte de un hijo es siempre antinatural
y por ello carece de nombre: entonces no
se es huérfano ni viudo, se es simple y
dolorosamente nada–, desde esas vidas
mutiladas, repito, desde ese sufrimiento,
desde la indignación que esas muertes
han provocado, es simplemente que estamos
hasta la madre.

Estamos hasta la madre de ustedes,
políticos –y cuando digo políticos no me
refiero a ninguno en particular, sino a
una buena parte de ustedes, incluyendo a
quienes componen los partidos–, porque
en sus luchas por el poder han desgarrado
el tejido de la nación, porque en medio
de esta guerra mal planteada, mal hecha,
mal dirigida, de esta guerra que ha
puesto al país en estado de emergencia,
han sido incapaces –a causa de sus mezquindades,
de sus pugnas, de su miserable
grilla, de su lucha por el poder– de crear
los consensos que la nación necesita para
encontrar la unidad sin la cual este país
no tendrá salida; estamos hasta la madre,
porque la corrupción de las instituciones
judiciales genera la complicidad con el
crimen y la impunidad para cometerlo;
porque, en medio de esa corrupción que
muestra el fracaso del Estado, cada ciudadano
de este país ha sido reducido a lo
que el filósofo Giorgio Agamben llamó,
con palabra griega, zoe: la vida no protegida,
la vida de un animal, de un ser que
puede ser violentado, secuestrado, vejado
y asesinado impunemente; estamos hasta
la madre porque sólo tienen imaginación
para la violencia, para las armas, para el
insulto y, con ello, un profundo desprecio
por la educación, la cultura y las oportunidades
de trabajo honrado y bueno, que
es lo que hace a las buenas naciones; estamos
hasta la madre porque esa corta imaginación
está permitiendo que nuestros
muchachos, nuestros hijos, no sólo sean
asesinados sino, después, criminalizados,
vueltos falsamente culpables para satisfacer
el ánimo de esa imaginación; estamos
hasta la madre porque otra parte de
nuestros muchachos, a causa de la ausencia
de un buen plan de gobierno, no tienen
oportunidades para educarse, para encontrar
un trabajo digno y, arrojados a las periferias,
son posibles reclutas para el crimen
organizado y la violencia; estamos
hasta la madre porque a causa de todo ello
la ciudadanía ha perdido confianza en sus
gobernantes, en sus policías, en su Ejército,
y tiene miedo y dolor; estamos hasta
la madre porque lo único que les importa,
además de un poder impotente que sólo
sirve para administrar la desgracia, es
el dinero, el fomento de la competencia,
de su pinche “competitividad” y del consumo
desmesurado, que son otros nombres
de la violencia.

De ustedes, criminales, estamos hasta
la madre, de su violencia, de su pérdida
de honorabilidad, de su crueldad, de
su sinsentido.

Antiguamente ustedes tenían códigos
de honor. No eran tan crueles en sus
ajustes de cuentas y no tocaban ni a los
ciudadanos ni a sus familias. Ahora ya
no distinguen. Su violencia ya no puede
ser nombrada porque ni siquiera, como
el dolor y el sufrimiento que provocan,
tiene un nombre y un sentido. Han
perdido incluso la dignidad para matar.
Se han vuelto cobardes como los miserables
Sonderkommandos nazis que asesinaban
sin ningún sentido de lo humano a
niños, muchachos, muchachas, mujeres,
hombres y ancianos, es decir, inocentes.
Estamos hasta la madre porque su violencia
se ha vuelto infrahumana, no animal
–los animales no hacen lo que ustedes
hacen–, sino subhumana, demoniaca,
imbécil. Estamos hasta la madre porque
en su afán de poder y de enriquecimiento
humillan a nuestros hijos y los destrozan
y producen miedo y espanto.

Ustedes, “señores” políticos, y ustedes,
“señores” criminales –lo entrecomillo
porque ese epíteto se otorga sólo
a la gente honorable–, están con sus
omisiones, sus pleitos y sus actos envileciendo
a la nación. La muerte de mi hijo
Juan Francisco ha levantado la solidaridad
y el grito de indignación –que mi familia
y yo agradecemos desde el fondo
de nuestros corazones– de la ciudadanía
y de los medios. Esa indignación vuelve
de nuevo a poner ante nuestros oídos
esa acertadísima frase que Martí dirigió
a los gobernantes: “Si no pueden, renuncien”.
Al volverla a poner ante nuestros
oídos –después de los miles de cadáveres
anónimos y no anónimos que llevamos a
nuestras espaldas, es decir, de tantos inocentes
asesinados y envilecidos–, esa frase
debe ir acompañada de grandes movilizaciones
ciudadanas que los obliguen,
en estos momentos de emergencia nacional,
a unirse para crear una agenda que
unifique a la nación y cree un estado de
gobernabilidad real. Las redes ciudadanas
de Morelos están convocando a una
marcha nacional el miércoles 6 de abril
que saldrá a las 5:00 PM del monumento
de la Paloma de la Paz para llegar hasta el
Palacio de Gobierno, exigiendo justicia
y paz. Si los ciudadanos no nos unimos a
ella y la reproducimos constantemente en
todas las ciudades, en todos los municipios
o delegaciones del país, si no somos
capaces de eso para obligarlos a ustedes,
“señores” políticos, a gobernar con justicia
y dignidad, y a ustedes, “señores” criminales,
a retornar a sus códigos de honor
y a limitar su salvajismo, la espiral de
violencia que han generando nos llevará
a un camino de horror sin retorno. Si
ustedes, “señores” políticos, no gobiernan
bien y no toman en serio que vivimos
un estado de emergencia nacional que requiere
su unidad, y ustedes, “señores”
criminales, no limitan sus acciones, terminarán
por triunfar y tener el poder, pero
gobernarán o reinarán sobre un montón
de osarios y de seres amedrentados y
destruidos en su alma. Un sueño que ninguno
de nosotros les envidia.

No hay vida, escribía Albert Camus,
sin persuasión y sin paz, y la historia del
México de hoy sólo conoce la intimidación,
el sufrimiento, la desconfianza y el
temor de que un día otro hijo o hija de alguna
otra familia sea envilecido y masacrado,
sólo conoce que lo que ustedes nos
piden es que la muerte, como ya está sucediendo
hoy, se convierta en un asunto
de estadística y de administración al que
todos debemos acostumbrarnos.

Porque no queremos eso, el próximo
miércoles saldremos a la calle; porque
no queremos un muchacho más, un hijo
nuestro, asesinado, las redes ciudadanas
de Morelos están convocando a una unidad
nacional ciudadana que debemos
mantener viva para romper el miedo y
el aislamiento que la incapacidad de ustedes,
“señores” políticos, y la crueldad
de ustedes, “señores” criminales, nos
quieren meter en el cuerpo y en el alma.

Recuerdo, en este sentido, unos versos
de Bertolt Brecht cuando el horror
del nazismo, es decir, el horror de la instalación
del crimen en la vida cotidiana
de una nación, se anunciaba: “Un día
vinieron por los negros y no dije nada;
otro día vinieron por los judíos y no dije
nada; un día llegaron por mí (o por
un hijo mío) y no tuve nada que decir”.
Hoy, después de tantos crímenes soportados,
cuando el cuerpo destrozado de
mi hijo y de sus amigos ha hecho movilizarse
de nuevo a la ciudadanía y a
los medios, debemos hablar con nuestros
cuerpos, con nuestro caminar, con
nuestro grito de indignación para que
los versos de Brecht no se hagan una
realidad en nuestro país.

Además opino que hay que devolverle
la dignidad a esta nación.

Publicado en Proceso 4 de abril de 2011


Conferencia en Cuernavaca

Conferencia de prensa de Javier Sicilia en el zócalo de Cuernavaca el 1 abril de 2011 ante el asesinato de su hijo

Conferencia de prensa de Javier Sicilia en el Zocalo de Cuernavaca from yabastanomasangre on Vimeo.


Marcha en Cuernavaca

Marcha nacional por la paz

Miércoles 6 de abril de 2011 a las 5 PM

De la Glorieta de la Paloma de la Paz al Zócalo de Cuernavaca


Portafolio

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