Ké Huelga Radio
Malabares y Clavas. Perdiendo el equilibrio

Primera Convención Universitaria De Artes Circenses (vi y casi último)

Domingo 27 de marzo de 2011 por adesalambrar, Machaca

El Circo Romano

Crónica del último día

Parte2

por Machaca

Después de la coronación de la pequeña campeona del aro, dieron inicio las pruebas de pelotas. Y para sorpresa de todos, la primera no se trató de quien tuviera más pelotas, girando y saltando en el aire, sino que era, como anunciaba el narrador, una prueba en la que contaba más la inteligencia que la fuerza y habilidad, se trataba de un Simón Dice, pero como el animador se llamaba Santi, la prueba era nombrada Santi Dice, probablemente para no pagar derechos o regalías al tal Simón. Media centena de malabaristas se colocaron en posición frente al tal Santi y obedecían sin chistar todas sus órdenes, lo cual eliminaba constantemente a un buen número de distraídos malabaristas, ya que sólo debían hacer lo que les decía cuando decía Santi dice… lo cual podría parecer muy obvio, pero en fin, recordemos que para esos momentos ya todos estábamos en un total estado de intoxicación colectiva.

A medida que la competencia avanzaba una a una iban cayendo al suelo las pelotas. Los trucos se volvieron cada vez más complejos y el ganador de la prueba lo hizo al lograr mantener las tres pelotas en una sola mano. Una verdadera proeza que la multitud reconoció con aplausos y frenéticos gritos.

La siguiente prueba estaba diseñada para que todos los perdedores de la anterior prueba pudieran probar el dulce sabor de la revancha. Los gladiadores de pelotas estaban llamados a congregarse en la arena. Las pelotas salieron de todos lados, y todo el que así lo quiso pudo acceder a la carnicería. Más de 50 malabaristas enloquecidos formaron un círculo y colocaron sus bolas enfrente de ellos. Muchas chicas se habían animado a participar en la sádica competencia. Se vale robar la pelota de alguien más, siempre y cuando no caiga la suya- Dijo la voz del extrovertido narrador convertido en juez de la competencia. Un furioso grito de EEEEEEEEEEEEEEEHHHMIPIECEN da inicio a la competencia y las pelotas comienzan a bolar por los aires. La multitud enloquece cuando el ganador de la prueba anterior se convierte en el primer finalista. El joven de pelo largo, pants rojo y playera negra adidas no parece tener mucho más de 20 años. En la segunda eliminatoria los competidores tomaron una actitud mucho más agresiva. Queremos ver sangre, sangre!!- gritaban los asistentes enloquecidos exigiendo un mayor compromiso hacia la batalla por parte de los gladiadores. Un sonoro buuuuu se escuchó cuando un competidor sacó de la competencia a una de las pocas chicas que mantenían sus pelotas lejos del suelo. Está cabrón eso de andar empujando a la gente con esas mamadas- dijo perspicazmente alguien que se encontraba cerca de mi. Efectivamente, estaba cabrón, los competidores que lograban acceder a la final no solamente tenían la capacidad de mantener las pelotas en movimiento, sino que podían, sin dejar de malabarear, emprender acciones ofensivas y atacar a sus oponentes como si no trajeran nada moviéndose entre sus manos. La multitud aplaude rabiosamente cuando una chica patea en los huevos de un tipo y lo deja hincado en el suelo pidiendo por su mami. El ratón, de los más experimentados personajes del lugar, quien inclusive ha sido acusado de no ser terrícola, logra sin muchas dificultades acceder a la final en la última eliminatoria. Ni siquiera intentó competir en las anteriores.

Una vez listos los finalistas, Santi propone al público un nuevo evento que no se encontraba calendarizado, una final femenil de gladiadores de pelotas. El público aclama la propuesta motivado por la posibilidad del derramamiento de sangre exclusivamente femenino. Uno de los organizadores hace al animador estilo calle 13 la señal internacional de no te pases de lanza, se nos acaba el tiempo y estos cabrones ya nos quieren correr. Pero a pesar de la elocuencia y claridad del lenguaje de señas empleado por el moreno cirquero convertido en burócrata del orden, Santi decide respetar la voluntad del pueblo, digo público y realizar la competencia femenina. Sabremos cual es la chica con más pelotas… arriba. Dice el animador al tiempo que la batalla comienza. Las chicas demuestran no tener límites en cuanto a su capacidad destructiva y al cabo de unos minutos, una de las chicas que había estado cerca de lograr el pase a la final, se queda con la categoría exclusivamente femenil. La final se decide en un duelo a muerte entre el Ratón y su alumno, el ganador de la competencia anterior, todos perciben la importancia del momento entre maestro y padawan, y en un final digno de star wars, el alumno logra vencer a su maestro y, como es tradición, devora y se alimenta del cuerpo del perdedor, engullendo víceras y embarrándose el cuerpo con el jugo de los fluidos corporales de su extinto maestro.

A pesar de la indigna derrota y posterior aniquilación corporal, el ratón logra ganar la competencia de resistencia de 5 pelotas y gana asi el primer oro de los muchos que habrá de cosechar ese día.

Al finalizar las pelotas, comienzan las pruebas reinas, las de las clavas.
En la última competencia de aniquilación corporal, gladiadores de clavas, la situación había quedado reducida a un cara a cara entre un joven de aire simpático, que no estaba ni cerca de cumplir los 18 años, contra un sujeto, que para su mala suerte, era al parecer el más pro de los pros. El sujeto que salía con los organizadores y decidía que y que no había que cortar, también era una estrella de las clavas. Pobre muchacho, ojalá que no sea muy duro con él, pensábamos todos a medida que los competidores eliminados cerraban el círculo en torno a los dos candidatos al oro. Claro, esto es a muerte, pensé. Lo cual explicaba también los daños colaterales causados por las clavas, que al volar por los cielos en todas direcciones, habían lesionado a más de un espectador.

Pensamientos absurdos como este recorrían mi mente, en un intento por romper la tensión del momento de la que al parecer sería una derrota inminente, probablemente violenta y seguramente traumática para el muchacho. Llegó muy lejos, pobre. Las expresiones como esta comenzaron a alejarse del terreno cuando el adolescente logró esquivar a su enemigo sin perder el movimiento fino de quien malabarea tres cuchillos afilados sobre su cabeza. El experimentado rival no parecía gustar de la situación y comenzó a lanzar ataques cada vez más violentos, lo cual posibilito un choque que por unos segundos nos robó el aliento a los apuestos espectadores, las clavas giraron por los cielos. Y entre la confusión, una clava plateada apareció tirada en el suelo.

Todos voltearon a ver al joven, quien despreocupado y alegre malabareaba sin problemas sus tres clavas, que no eran plateadas. Todos explotamos en felicitaciones y muestras de admiración ante el feliz acontecimiento. Los alegres asistentes no dejaban de aplaudir y disfrutaban viendo al muchacho gozar su momento. Todo era perfecto, y mientras todos observábamos nuestras caras de estúpida felicidad, un extraño sujeto invadía la arena apuntando hacia nosotros con su cámara fotográfica y emitiendo sonidos que no llegaban a ser palabras hacia la masa. Era el momento del niño, y ningún simpático y extraño señor con aire burocrático tenía porque quitárselo. La gente parecía estar pensando lo mismo a mi alrededor. Pero cuando el calvo y canoso sujeto logró emitir un sonido, justifico su presencia extendiendo sus brazos, como queriendo abrazar al sol y gritando EEEEEEES MI HIJO!!!!! EEEEEEEEEEEES MI HIJOOOO!!! No hubo necesidad de más explicaciones y una sonrisa coqueta se alojó en los rostros de los ahí presentes. YO LO HICE!!!! Gritaba el padre al tiempo que recibía de vuelta gritos de apoyo y de admiración hacia su excelente labor paterna.

El que seguramente era en esos momentos el papá más orgulloso del mundo corrió a los brazos de su hijo y lo asfixió en un abrazo que a más de uno le sacó una lágrima. Quisiera tener un papá así, dijo algún joven universitario falto de cariño paterno. El chaparrito señor, que ostentaba una playera de tallerista que cubría su redondeada figura, se colocó por detrás de su hijo e intentó cargarlo colocando su cabeza entre las piernas del más querido de sus espermatozoides. Y por suerte, fue auxiliado por un par de jóvenes circenses cuando el sonido de su cadera quebrándose pudo escucharse en toda la arena. Una moneda para el señor… que tiene un hijo- Pedía una voz en el micrófono, mientras el joven clavero hacía girar por los aires unos objetos que a partir de ese momento probablemente servirían de sustento para él y para el simpático sujeto que orgulloso, lo cargaba en sus hombros.

Fotos de Jorge Vilchis y probablemente de alguien más


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