Ké Huelga Radio

EPÍLOGO DE LOS MISTERIOSOS DESAPARECEDORES

Martes 21 de diciembre de 2010 por naila

A los medios de comunicación nacionales e internacionales.

El día de ayer, apelando a su profesionalismo, enviamos la parte primera del Boletín-Epílogo de una desaparición. Hoy de nueva cuenta informamos que Diego Fernández de Cevallos Ramos será liberado, por lo que volvemos a solicitar la publicación del Boletín-Epílogo.

Atte:

Los ex misteriosos desaparecedores.

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EPÍLOGO DE UNA DESAPARICIÓN

Primera de tres.

[/ "Los clásicos no establecieron ningún principio que prohibiera matar, fueron los más compasivos de todos los hombres, pero veían ante sí enemigos de la humanidad que no era posible vencer mediante el convencimiento. Todo el afán de los clásicos estuvo dirigido a la creación de circunstancias en las que el matar ya no sea provechoso para nadie. Lucharon contra la violencia que abusa y contra la violencia que impide el movimiento. No vacilaron en oponer violencia a la violencia. Los poderosos llaman ley a su propia violencia y crimen a la de los oprimidos… por eso, los oprimidos debemos luchar por el establecimiento de una nueva ley frente a los crímenes de los poderosos, por todos los medios, incluida la violencia… "
Bertolt Brecht/]

En México vivimos inmersos en un clima de creciente violencia destructiva
que las mafias del gobierno permiten y fomentan, porque sólo así pueden
ocultar la sistemática represión, tratar de controlar el descontento
social e impedir, por el momento, que se generalice la lucha popular. Las
formas de la violencia son cada vez más crueles y abominables; el
conflicto no sólo ha dejado decenas de miles de personas muertas, sino
terror e incertidumbre entre los vivos. La distancia entre el discurso de
gobierno y las prácticas corruptas que lo caracterizan son una clara
muestra de que los más altos funcionarios y las instituciones del Estado
mexicano están coludidos con el crimen contra quien dicen estar luchando.
Esta contradicción inicial desata una cadena ininterrumpida de mentiras
difundidas ampliamente por los medios de comunicación con los que están
coludidos; esta difusión forma parte de la violencia cultural que
promueve, legitima y justifica la violencia directa que el gobierno
sostiene, así como de la violencia del hambre, del desempleo, de la
migración, de la delincuencia infantil y juvenil, de la trata de blancas.
En fin, de esa violencia silenciosa que obliga a gritar ¡Ya Basta!
Vemos día a día la impunidad militar, los levantones policiales para
entregar víctimas al narco y la convivencia evidente entre presidente de
la república, gobernadores, senadores, diputados, jueces, generales y
jefes policiacos con los grandes capos, incluso, es posible afirmar que la
alta burocracia y los sectores reaccionarios de la clase política, son
quienes forman parte de las mafias más criminales en nuestro país. La
“guerra” que el gobierno dice sostener en aras de la paz, no combate la
raíz del problema ni a los verdaderos delincuentes, los de cuello blanco,
que con base en fobaproas, rescates empresariales, privatizaciones
(concesiones de carreteras, contratos secretos del petróleo, de fibra
óptica y otros recursos naturales) se enriquecen y adquieren la facultad
de poner y quitar gobiernos.

Sin embargo la violencia más sofisticada, la que a diario nos golpea y
quizá la que menos reconocemos como violencia, es la que parece no venir
de ninguna persona; es la violencia estructural “invisible” presentada
siempre como “estragos”, “golpes” o “crisis internacionales” que parecen
nunca terminar para Nosotros pueblo y que nos son presentadas como
“avances”. El duopolio televisivo y los gobernantes quieren que creamos en
los “avances” y en la “modernidad” mientras hay más despidos, menos
oportunidades de encontrar empleos productivos y un salario que cada día
vale menos. Esa “modernidad” no es con la que soñamos ni la que queremos heredar a nuestros hijos.

La pobreza, para muchos la miseria, es una constante amenaza de muerte y
es mucho más poderosa que todos los grupos de sicarios juntos; la vida es
reducida a su condición de supervivencia sin ninguna posibilidad de un
desarrollo auténticamente humano. Estas condiciones acercan a millones de
personas más a la muerte que a la vida y frente a este peligro (del que
Ellos, los grupos privilegiados, se benefician funcionalizando la pobreza
al máximo) no se encontrarán soluciones concretas a menos que lo hagamos
Nosotros.

Así, la violencia visible-directa, la invisible-estructural (de la que
parece no haber ningún responsable) y la cultural, son promovidas y
sustentadas por los gobiernos; éstos, no son la representación política de
todos los mexicanos, sino quienes velan por los intereses de una
restringida porción de la población, que privilegian especialmente a un
restringido número de familias que encabezan el control del poder, la
clase privilegiada, que se hace carne y hueso en un entramado altamente
sofisticado y eficiente de grupos y personajes clave, que con una
planeación meticulosa y una larga carrera, se siguen colocando en
posiciones estratégicas para continuar beneficiándose a costa de todo un
país. El gobierno es mafioso porque protege los intereses de los grandes
ricos, de los dueños de todo, de los que saquean nuestros recursos
naturales y trafican con todo desde personas hasta armas, drogas e
influencias. Es un gobierno que sirve a las mafias aliadas al capital
trasnacional, también mafioso.

Desde allí operan por dentro y por fuera de la ley grandes intereses
económicos y políticos, en un entramado múltiple de lazos familiares, de
compadrazgo, de arreglos de conveniencia, secretos, pactos, complicidades,
bendecidos por la cúpula de poder de la Iglesia católica y una certeza que
los identifica: pertenecer a un grupo definido al que son leales,
conscientes de ser Ellos quienes tienen el poder y la riqueza repartida
entre sus manos.

Para Nosotros la violencia (la visible y la aparentemente invisible) se
traduce en un constante peligro de muerte, debido por un lado, a la
intensificación de los conflictos que el saqueo mafioso genera para
obtener mayores ganancias, y por otro de manera cotidiana por las
condiciones de pobreza y miseria que reduce la vida a una lucha por la
supervivencia y al andar diario por un estrecho pasillo de 60 pesos por
familia; se vive al día y no hay posibilidad de progreso. Vivimos en
amenaza de muerte al tener acceso restringido a la alimentación, a la
salud, a los servicios, a los derechos y a conocer la justicia. Como así
son las cosas, nos toca perder y como nos habíamos resignado, dejamos de
sentir la violencia de no poder vivir bien. En ese sentido también
Nosotros volvimos “normal” la violencia; violento no es solo lo que
muestran los muertos, violento es también lo que ocultamos los vivos.
La sociedad mexicana, como podemos ver, está divida en dos: Ellos y
Nosotros, Ellos ricos y Nosotros pobres, cuyos mundos y realidades son
totalmente opuestos pero existen y se desarrollan al mismo tiempo; es la
historia que Ellos difunden como la evolución de un solo proyecto al que
discursivamente pertenecemos “por igual y al mismo nivel” todos los
mexicanos. Ellos aplauden los discursos del gobierno en los que se alude
al avance y bienestar en México, pues los confirman en su nivel de vida
que constantemente mejora (mejor alimentación, vestido, educación, salud,
bienes muebles e inmuebles, lujos, vacaciones y descanso, etc.); sólo en
su cerrado círculo el progreso es realidad.

Ellos acumulan riqueza por todos los medios, unos por la vía
legal-permisible y otros de forma ilegal-criminal; ambos son lo mismo,
pues siempre tienen la posibilidad (al ser Ellos quienes legislan) de
transformar lo ilegal en ley y viceversa; en realidad no son extrañas las
revelaciones de que la mayoría de las veces quienes viven para acumular
riqueza no distinguen en sus círculos entre quienes “respetan las leyes” y entre quienes no lo hacen. Lo que pasa es que unos ocupan cargos dentro e
las instituciones del Estado y pueden, desde dentro, operar en su favor y
ser “muy legales”. Los intereses políticos y económicos son dos frentes de
una misma estrategia que viene fundida y defendida por la violencia. El
gobierno mexicano se sostiene con el uso legal e ilegal de la violencia
directa e indirecta, estructural y cultural, que lo construyen como
salvaguarda de una suerte de “demonio” engendrada por sí mismo.
Quienes encabezan al Estado sostienen discursivamente que procuran
alcanzar “la paz perpetua y el bienestar” en un futuro (que nunca llegará
de ese modo), y por tal fin justifican su propio ejercicio de la violencia
destructiva. Esta utopía de la paz estatal, construye el argumento de
legitimidad de la muerte en el presente. El peligro de muerte que Nosotros
vivimos es producto del enfrentamiento de grupos de poder económico que
luchan por el poder político. Su manera de actuar dentro del aparato
estatal despersonaliza decisiones que repercuten en la vida de personas
concretas; la decisión burocrática agranda la distancia entre el
funcionario y la gente de a pie, manejando públicamente la ficción de que
“hacen política” con base en “el bien común”, aunque la comunidad esté
excluida, en todos los sentidos, de dicha actividad.

Que “el mundo de la política siempre sinónimo de corrupción e injusticia”
es una afirmación común que sintetiza el sentir generalizado y que la
estructura estatal y sus funcionarios se encargan día a día de renovar;
sin embargo la actividad política debe construirse con otro sentido,
considerándola como la capacidad de todos para decidir de manera real y
directa sobre los asuntos de la vida en sociedad, así como de fundar y de
alterar la legalidad que rige la convivencia humana en pos del bienestar
colectivo; la socialidad no debe existir para someter de una vez y para
siempre, sino constituirse como la organización a la que se le puede dar
forma a través de las decisiones de todos los integrantes. La
organización, la instrucción y la disciplina son armas eficaces y hasta
ahora son Ellos los que han sabido aprovecharlas. ¿Qué es lo que hace que
siendo Ellos tan pocos, puedan someter a tantos Nosotros? Una de las
respuestas más certeras es el uso exclusivo que Ellos hacen de “la fuerza
del Estado”; sin embargo, que Ellos sean los que poseen el monopolio total
y definitivo del uso de la violencia y la ejerzan “solo cuando es justo y
necesario” en aras del “bien para todos” es una mentira que nos hemos
propuesto derrumbar.

Por paradójico que parezca, la historia de la humanidad demuestra que,
para generar las condiciones humanas de existencia, se necesita en ciertos
momentos ejercer la violencia como una adecuación social que hace
permisible terminar con ciertas formas de vida para generar otras. La
violencia destructiva, como la que ejerce el gobierno, sólo concibe
destruir sin construir algo superior y distinto que constituya
verdaderamente un estado mejor de vida y no sólo para unos pocos. La
violencia es constructiva cuando es rebeldía frente a la amenaza de
muerte, cuando enfrenta a la muerte personificada por quienes nos someten
a la miseria. La violencia, al tener rostro de muerte, nos es presentada
como injustificable, sobre todo si atenta contra el poder establecido.
El discurso gubernamental la repudia e invita a preservar el orden, o
protestar dentro de los marcos institucionales que no operan de acuerdo al
fin para el que fueron creados, como un recurso que le queda para seguir
operando bajo la cara de “la legalidad” y “la democracia”, presentándose
como el resultado histórico de las luchas del pasado. Así, lo violento es
presentado como lo anti-estatal; la única política permitida es la
actividad esencialmente no-política, acompañada de la resignación. La
violencia cultural es la más sofisticada porque guarda al Estado bajo un
marco de “aceptabilidad” y muestra a los enemigos de quienes lo comandan,
o sea, a los que luchan contra el mal gobierno, como enemigos de toda la
sociedad.

Pero ¿este gobierno mafioso es el único viable en nuestro país? Sabemos
que no, otro México es posible y lo tenemos que construir Nosotros los de
abajo, desde las organizaciones obreras, campesinas, ecologistas, de
colonos, de víctimas de la delincuencia y crímenes del ejército y
policías. Nos toca a nosotros, al pueblo mexicano organizado de diferentes
formas y recurriendo a todos los medios, armados y no armados, ir
construyendo con nuestra rebeldía organizada, un nuevo México en el que
todos podamos ser y vivir con dignidad.

El ejercicio de la violencia es para Nosotros un recurso ineludible, pero
necesita de un proyecto en el que su uso sea solamente un medio necesario;
el proyecto no puede reducirse a destruir otro. Nuestro proyecto es
recuperar lo que la vileza de los poderosos nos arrebata, y es nuestra
condición humana; nuestro proyecto es de rehumanización de todos los que
no formamos parte de su selecto círculo, a diferencia de Ellos que sólo
buscan su propio beneficio. Pensar y hacer política pasa por evaluar las
condiciones de existencia, nuestras relaciones sociales e
inter-personales, transformarlas en cada acto y hacerse cargo de la vida
pública. El Estado construye toda disidencia como el enemigo exterminable,
todo en el mismo cajón de la criminalidad, y con ello impide que se
desarrollen formas organizativas que resuelvan nuestras necesidades y
satisfagan nuestras expectativas y legítimas demandas. Hay un punto en el
que no se puede hacer nada y las reglas del juego, a las que Ellos mismos
no se atienen, nos son aplicadas con toda la violencia
estatal-destructiva. La existencia de Ellos como minoría poderosa y
dominante y sus formas de operar persistirán sólo en la medida en que
Nosotros lo hagamos aceptable.

Fraternalmente:

RED POR LA TRANSFORMACIÓN GLOBAL

¡CONTRA LA INJUSTICIA Y LA IMPUNIDAD, NI PERDON NI OLVIDO!

Invierno de 2010.

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Segunda de tres.

[/ Los poderosos llaman ley a su propia violencia y crimen a la de los
oprimidos… por eso, los oprimidos debemos luchar por el establecimiento de
una nueva ley frente a los crímenes de los poderosos, por todos los
medios, incluida la violencia…/]

En México coexisten dos países distintos. Uno es habitado por menos del
10% de la población; son Ellos quienes participan en la política y
aplauden los discursos del gobierno de progreso y bienestar porque los
viven; es la empresa dirigida y sostenida por quienes poseen y gozan de la
mayor parte de la riqueza del país. En contraste el otro México es
habitado por más del 90% de la población; y aunque somos la gran mayoría
no tenemos ningún peso en las decisiones políticas y económicas.
¿Es posible conocer a los individuos que decidieron el destino de un país
entero? El proyecto neoliberal en México se concretó gracias a la
actuación de diversos personajes en acuerdo y complicidad. En la figura de
Carlos Salinas de Gortari se identifica más claramente el inicio de esta
etapa destructiva, cruzando varios intereses y procesos; es un actor> principal y es miembro de los círculos más restringidos del control de
poder de ese entramado mafioso. Salinas impuso transformaciones (diseñadas desde la cúspide del poder capitalista) en sintonía con Estados Unidos, que no ha abandonado su histórica política intervencionista, apoyado por la elite empresarial y política mexicana de su partido (PRI) y algunos
importantes aliados políticos; ha permanecido tras bambalinas desde que
dejó la presidencia. De sus más preciados aliados podemos señalar como
principal cómplice a un miembro destacado del partido de la oposición leal
(PAN), Diego Fernández de Cevallos Ramos, un cacique panista inmensamente
rico gracias a su triple carácter de funcionario del estado, empresario y
abogado de demandas en contra del erario público.

El Jefe Diego es otro nudo por donde atraviesan múltiples historias
turbias. Ahora conocemos de cierto los modos de los trabajos y oficios con
los que se maneja, las personas con las que trata y algunas de las que han
sido sus más logradas empresas. Con nada que ocultar la mafia ha sido
enumerada en las cartas elaboradas y dirigidas por el propio Diego a sus
“benefactores”, reclamándoles apoyo económico en correspondencia a su
lealtad y a sus servicios: Carlos Salinas de Gortari, Carlos Slim, Roberto
Hernández, Alfredo Harp, Alberto Bailleres, Claudio X González, Lorenzo
Servitje, Lorenzo Zambrano, Emilio Azcárraga Jean, Ricardo Salinas Pliego,
Bernardo Quintana, Ignacio Loyola, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa
Patrón, Juan Sandoval Íñiguez, Onésimo Cepeda, Norberto Rivera Carrera,
Roberto Madrazo, Jorge Hank Ronh, Santiago Creel, Enrique Peña Nieto,
Carlos Romero Dechamps, Elba Esther Gordillo, entre otros. Se establecen
diversas relaciones entre empresarios, políticos, la Iglesia, el
narcotráfico, las redes de crimen organizado, el ejército, los grupos
paramilitares, las televisoras, etc. Estas relaciones están regidas por
entendidos más allá de la legalidad, por dentro y fuera de toda apariencia
de normatividad; son feudos de una maraña de poderes en pugna y con el
control del país.

Diego Fernández de Cevallos acumula una larga pero poco honrosa carrera de
impunidad y enriquecimiento. Por ejemplo, como amigo y abogado del
millonario Alberto Bailleres (Presidente de Grupo Bal y dueño de El
Palacio de Hierro y Seguros GNP), defendió a la empresa MetMex Peñoles
contra las madres de más de 11,000 niños envenenados por la contaminación ocasionada por la fundidora en Torreón Coahuila. Ni las movilizaciones ni demandas penales de los afectados tuvieron éxito, pues la poderosa empresa estaba jurídicamente blindada contra las demandas populares gracias a las artes litigantes de su abogado a quien la justicia es lo que menos importa.

Uno de los principales logros de la historia de México, fue haber logrado
la separación de la Iglesia católica y el Estado. Debe añadirse a los
libros de texto que esa lucha culminó con una amable reconciliación cuyo
mediador fue el mismo Diego Fernández de Cevallos en complicidad con los
más altos mandos de la Iglesia y Carlos Salinas de Gortari. Ellos
modificaron en 1992 los artículos constitucionales 3, 5, 24, 27 y 130 y en
julio del mismo año se promulgó la Ley de Asociaciones Religiosas y de
Culto Público, así como el restablecimiento de las relaciones diplomáticas
entre el Estado mexicano y la Santa Sede, representando el inicio de una
inédita etapa en la historia contemporánea de México, cuyas consecuencias
políticas y sociales empiezan a perfilarse. Iglesia como aparato aliado de
las elites y parte fundamental de éstas a través de la historia, además de
fungir como vínculo con “los pobres”; es más bien un supra Estado,
férreamente centralizado, feudal, totalitario y ultraconservador. A través
del jefe Diego y Carlos Castillo Peraza del PAN, se selló un nuevo pacto
entre la Iglesia y el Estado, dotándolas de permiso para acumular bienes
materiales heredables, además de la facultad de intervenir en la
educación. Para hacer oficial el reconocimiento, las Iglesias debieron
solicitar su registro ante la Secretaría de Gobernación. No resulta
sorpresivo que el primer registro, el oficio 001, sea de la Iglesia
Apostólica Romana, cuya copia enmarcada con una agradecida dedicatoria
(“Para Diego Fernández de Cevallos. Con gratitud y cariño. G. Prigione”)
cuelga en el despacho de Diego Fernández de Cevallos. Esta ley sustituía a
la de 1926, cuando Calles selló la separación Iglesia-Estado iniciada por
Benito Juárez.

Ahora sabemos que la revelada relación entre los gobiernos mexicanos y el
narcotráfico ha sido una constante. Lo que en un inicio fue un jugoso
negocio controlado con acuerdos y cuotas pactadas se ha convertido en un
mercado en disputa donde el gobierno no ha dejado de favorecer al ala que
lo ha nutrido. Desde finales de los ochentas la diferencia entre el narco
y el Estado comenzó a desdibujarse y no se sabía quién era quién. Raúl
Salinas bajo el consentimiento de su hermano Carlos, Mario Arturo Acosta
Chaparro, Francisco Quiroz Hermosillo, Nazar Haro, Juan Sandoval Íñiguez,
Rubén Figueroa (padre e hijo), Diódoro Carrasco, Ulises Ruiz, Mario Marín,
Jorge Tello Peón, Genaro García Luna, por mencionar a algunos de sus
principales actores, han sido contacto y beneficiarios, y no podía faltar
Diego Fernández de Cevallos. Su relación con la muerte del Señor de los
Cielos (desmentida por García Calderoni) y haber recibido algunos millones
de dólares procedentes del narco, parecen asuntos menores en comparación
con la estrecha relación del gobierno y el desarrollo y consolidación del
narcotráfico en México. México vive el contexto más violento desde la
Revolución mexicana, como consecuencia del proyecto Irán-contra, impulsado
por el gobierno de los Estados Unidos desde la década de los ochenta, por
medio del cual permitió el tráfico de drogas de Latinoamérica a la Unión
Americana, pactando con personajes de la talla de Pablo Escobar, Caro
Quintero y el propio Señor de los Cielos, a cambio de recursos para
combatir los movimientos insurgentes en Centroamérica. El gobierno de
Estados Unidos fomentó la actividad del narco, sin importar las
implicaciones que esta actividad tenía en los lugares donde se promovía
(sobre todo Colombia y México) a cambio de exterminar a la disidencia
política; la herencia que nos queda del Irán-contra es el inmenso poder
económico y de combate que acumularon los carteles del narcotráfico en
nuestros países. México fue cómplice de dicho plan, y ahora todos Nosotros
pagamos las consecuencias del crecimiento del narcotráfico a niveles que
ni el Estado puede controlar, además de la falsa guerra emprendida, pues
es absurdo luchar contra quien uno mismo ha creado.

A través de esta compleja y poderosa mafia, Diego Fernández de Cevallos
fue pieza central para concretar el cambio de México a un Estado mínimo
(sin responsabilidades sociales y de economía abierta, privatización y
apertura comercial a capitales trasnacionales), además de diversos cambios
de legislación que implicaron quiebres históricos para México. Desde la
legitimación del fraude realizado contra Cuauhtémoc Cárdenas, la venta de
las empresas paraestatales, la privatización de la banca mexicana, la
firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, hasta el
reconocimiento jurídico de la Iglesia católica (dando vuelta atrás a más
de 100 años de lucha por la separación de la Iglesia y el Estado) y la
reforma al artículo 27 de la Constitución (considerado como el máximo
triunfo de la Revolución de 1910), aniquilando no una forma de producción
económica (los ejidos) sino la base de la identidad de muchas culturas;
conocemos a los responsables directos de la actual realidad mexicana.
Estas personas, fieles a una lógica que niega de facto el derecho a la
vida digna de la mayor parte de la población mexicana, han prostituido los
bienes y recursos de la nación, se han servido de ella, la han disfrazado,
mutilado y traicionaron su historia… a cambio, se hincharon de poder
político y económico. Es alta traición llevar adelante todas estas
operaciones e igualmente grave legalizar su operación garantizando su
impunidad al armarse una propia justicia; ni siquiera en su lógica son
inocentes. Han tenido la osadía de abanderar y operar un proyecto
anti-patriótico que renuncia a honrar la memoria histórica y que confina a
la gente a la miseria como forma general de la existencia.

El país se desmorona ante sus ojos atónitos que no dan crédito a lo que
ven; se deshace por causa suya sin que discursos y fanfarrias mediáticas
puedan convencernos de que vamos con rumbo cierto a la solución de los
múltiples problemas que históricamente persisten en el país; la nación se
desangra a borbollones y no desean admitir que ellos y solamente Ellos,
han saciado su hambre de riqueza desmedida y poder político
inconmensurable a costa de una patria exangüe y anémica.
Más de 30,000 muertos sin contar a aquellos que deambulan en el anonimato;
más de 200, 000 encarcelados por haber encontrado como opción de vida la
delincuencia; casi 8 millones de jóvenes desocupados que bien podrían
alimentar los grupos delincuenciales, de esquiroles o la drogodependencia.

La pérdida progresiva de visión de futuro y de perspectiva para los
jóvenes que miran como opción de vida el enriquecimiento rápido a través
de su inserción dentro del mágico mundo de la “cultura de las televisoras”
o dentro de las huestes del narcotráfico. La extinción de fuerzas de
trabajo para defender los intereses de Ellos, a través de la privatización
de empresas y recursos del país; la pauperización de condiciones de
trabajo y de salarios para mantener fuentes de empleo. La militarización
del país, la criminalización de la disidencia política, la
paramilitarización de las policías, la extinción de los derechos humanos
bajo argucias legales y extralegales, entre éstas la impunidad de los
militares bajo el concepto de “fuero militar”, el incumplimiento de las
garantías individuales “plasmadas en la Constitución” para dar paso a la
inconstitucional figura del “arraigo”.

Este es un fragmento del México que han dejado como saldo para nosotros
una larga dictadura, la seudo-transición y las complicidades partidistas.
Si recortamos nuestra descripción a los últimos 25 años… ¡qué curioso!
encontramos a los mismos delincuentes que habíamos denunciado antes y
entre ellos a Diego Fernández de Cevallos.

Estos delincuentes de cuello blanco han saqueado a la Patria, han
organizado sus grupos y acciones para poder gozar del poder y enriquecerse
de manera prepotente bajo el manto de su protección. Han aprovechado sus
estancias en los órganos estatales y se han servido de ello para obtener
ilegal e ilegítimamente beneficios económicos, políticos e ideológicos
para ser Ellos y solamente Ellos los únicos y eternos beneficiarios.
Aseguran el nombramiento de Secretarios de Estado, de Seguridad Pública,
Procuradores Generales de la República, Gobernadores y Presidentes
municipales de algunas entidades, Senadores, Diputados, Asambleístas y
diversos cargos de “elección popular” para posicionarse política y
económicamente. Negocian y pactan reconocimientos y prebendas para
asegurar su lugar en el poder político y económico. Defienden fraudes
políticos, económicos y jurídicos y los apoyan económica, ideológica y
políticamente; sin menospreciar las jurídicas y judiciales. Hasta parece
un retrato hablado. La impunidad les cubre a lo largo de su vida como
aureola de santidad. Niegan para sí mismos que el pueblo, las
organizaciones de que disponen y sus redes de acción no los alcanzarán con
su brazo de justicia y legitimidad; sin embargo esto no es así.
Ellos se manejan de acuerdo a principios y valores que en la práctica
niegan la posibilidad de vida plena para Nosotros. Han gozado de la
posibilidad de ejercer la violencia de manera legal e ilegal, visible e
invisible no sólo contra las expresiones armadas organizadas sino en
escarmientos contra cualquier demostración de hartazgo e insubordinación
social. Estos principios y valores son reproducidos todos los días por
individuos con poder local (en las colonias, en los municipios, en pueblos
y ranchos) que de manera miserable maltratan y menosprecian a la gente
aprovechando la constante de la pobreza. La transformación de todo esto
pasa por erradicar estas conductas que encuentran en el provecho del
ejercicio impune del poder económico, político, religioso, etc. su hábitat
para garantizar sus privilegios a costa de los demás.

No se les están imputando responsabilidades abstractas sino crímenes
concretos, hay actos solapados y manejos que aun dentro de su propio
estado de derecho son injustificables; el crimen es su práctica y el
cinismo su estampa. Nosotros, construyendo poder popular, nuevas formas de
justicia y sanciones podremos mostrar que nadie, ni siquiera Ellos
permanecerán impunes.

Fraternalmente:

RED POR LA TRANSFORMACIÓN GLOBAL

¡CONTRA LA INJUSTICIA Y LA IMPUNIDAD, NI PERDON NI OLVIDO!

Invierno de 2010.

………………………………………………………………………………………………….

Tercera de tres.

[/
La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo
poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El
pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar
la forma de su gobierno. Artículo 39 constitucional
/]

A estas horas

ay, amigos míos, artesanos,
pintores, astrónomos, marineros,

estamos despiertos.

Es trabajo nuestro el de arreglar algunas cosas.

Diego Fernández de Cevallos parecía intocable hasta aquella noche en que
su pasado oscuro lo alcanzó. Y, muy a su pesar, tuvo que responder de
algunos de sus actos y verse en el espejo de nuestra mirada… espejo que al
hacerlo prisionero reflejó su hechura de corrupto, prepotente y voraz
expropiador, demostrando un hecho fundamental: siempre que como pueblo nos atrevamos a luchar contra la injusticia, no habrá felonía que quede impune.
Diego Fernández de Cevallos Ramos (DFCR) es uno de los políticos que mayor
responsabilidad tienen en el sostenido proceso de hecatombe económica,
política y social que la elite dominante ha impuesto y desplegado en
nuestro país de 1982 a la fecha, por medio de un entramado mafioso que
opera dentro y fuera de las instituciones estatales; este proceso
depredador vino a profundizar, bajo la criminal bandera neoliberal, las de
por sí deterioradas condiciones de vida de los hombres y mujeres que viven
en México, generando la mayor contrarreforma y el mayor retroceso
histórico en nuestro país en lo que a bienestar social se refiere.
DFCR es uno de los políticos que más se ha caracterizado por el abuso del
poder, el tráfico de influencias y el enriquecimiento a costa del erario y
de los bienes de la nación, legislando en pro de los grandes monopolios
(financieros, de comunicaciones, alimentos, construcción, transportes,
etc.) asesorando a las mafias del poder y litigando a favor de los grandes
capos del narcotráfico. Es uno de los principales cómplices y operadores
del fraudulento proceso electoral que se ha perpetrado sistemáticamente en
nuestro país, desde el ocultamiento del fraude que impuso en 1988 a Carlos
Salinas de Gortari en la presidencia mediante la quema de boletas
electorales hasta la organización del fraude que en 2006 impuso a Felipe
Calderón Hinojosa. Es uno de los principales encubridores de los
responsables de la guerra sucia y contrainsurgente desplegada por el
régimen priista y ahora por el PAN contra los movimientos sociales,
armados o no, convirtiéndose en uno más de los cómplices de la existencia
de incontables perseguidos, torturados, asesinados, presos y desaparecidos
por motivos políticos. Es un responsable directo de la inserción
subordinada de México al bloque de países capitaneados en nuestro
continente por el imperialismo estadounidense y, en consecuencia, del
desmantelamiento industrial, la ruina del campo, la masiva migración, de
la pauperización de la vida en general y el saqueo de nuestros recursos.
En breve, Diego Fernández de Cevallos Ramos es un operador de la
oligarquía neoliberal y de la ultraderecha fundamentalista, un traficante
de influencias, un mercenario de los juzgados, un legislador a sueldo, un
rentista de la crisis y un defensor de los grandes capos de la droga. Por
ello su aprehensión fue una actividad pensada y realizada como un acto de
desagravio.

Tomarlo prisionero, exhibirlo y obligarlo a devolver una milésima de lo
robado constituyó además un golpe político a la plutocracia y a sus
instituciones; una demostración de la voluntad de lucha y de la capacidad
operativa de los “descalzonados”, como él nos denomina; una demostración
de que nadie, por poderoso que sea, puede ser intocable; una demostración
de que con unidad de acción se puede doblegar la voluntad del enemigo y
combatir la impunidad.

Pocas veces se había percibido el miedo, la confusión y el enojo que una
imagen puede generar en la poderosa elite gobernante, como lo hizo la
primera foto del jefe Diego cautivo que empezó a circular en internet, y
que los medios de comunicación se vieron obligados a difundir. En ella se
le pudo observar no con la prepotencia ni el cinismo de los que ha hecho
gala el trasnochado encomendero a lo largo de su vida personal y política,
sino en la total indefensión, casi parecida a la que vivimos y a la que
hemos sido sometidos la mayoría de mexicanos, sólo que con una notable
diferencia: A Diego le fue respetada su integridad física sin el desprecio
que por la vida humana demuestra el poder con Nosotros.

Con base en los resultados de este acto, consideramos necesario compartir
la convicción de que si quienes somos pueblo logramos organizarnos en una
sola voluntad política nacional, en una colosal fuerza social organizada,
podremos hacer frente común a la injusticia y a la impunidad, a fin de
derrotar a nuestros opresores y acordar la organización de una sociedad
verdaderamente humanizada. Y pese a tener innumerables imputaciones en su
contra y de que miles de ciudadanos exigen su legítima ejecución,
conscientes estamos de que la verdadera solución a la crisis que vive el
país no está en liquidarlo, sino en la capacidad del pueblo para
organizarse y retomar las riendas de su propio destino, recurriendo a
todos los medios a su alcance.

Como parte del pueblo organizado decidimos realizar una tarea, la
responsabilidad es nuestra. Creemos firmemente que reapropiarse del uso
constructivo de la violencia es legítimo y hemos actuado en consecuencia.
Esta tarea es parte de un proyecto más grande e importante: participar en
la construcción del poder popular para transformar este país
transnacionalizado en una verdadera patria digna, libre y nuestra.

¿O es mucho soñar con que las riquezas de México sean para la mayoría de los
mexicanos? ¿Es ambicioso soñar con un país productivo que pueda dar
trabajo y remuneración digna a sus hijos? ¿Es un sueño guajiro pensar que
somos los 90 millones de pobres quienes debemos tener la posibilidad real
de tomar las decisiones importantes en el modelo económico, político y
cultural que deseamos? ¿Es mucho pedir un México para todos los mexicanos?

Fraternalmente:

RED POR LA TRANSFORMACIÓN GLOBAL

¡CONTRA LA INJUSTICIA Y LA IMPUNIDAD, NI PERDON NI OLVIDO!

Invierno de 2010.


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